lunes, 27 de junio de 2016

Presentación del libro "El cuento de la vida" de Fernando Villamía.




El pasado jueves, tuve la suerte de asistir a la presentación de la Novela El cuento de la vida, de Fernando Villamía, que tuvo lugar en la sede de "Espacio Leer", situado en la calle Argumosa 37 de Madrid. 



Dos cosas me sorprendieron gratamente. Una fue la numerosa asistencia y otra -la más importante- el contacto con el autor. 


Fernando Villamía nos habló de la creación literaria, de la Literatura y del trasfondo filosófico que rodea la trama de la obra. Su discurso, ameno y atractivo, generó en mí el deseo de leer inmediatamente la novela, cosa que he hecho sin más dilaciones. Y se están cumpliendo las expectativas... 

Paso a resumir la Introducción que hizo Fernando Yubero Ferrero, Doctor en Filología Hispánica, profesor y ensayista:




Empezaré con unos breves datos biográficos: Fernando Villamía Ugarte nació en Vitoria, es catedrático de Lengua y Literatura y ha ejercido la docencia en diversos institutos, como el de Almagro, donde yo lo conocí, allá por los años 80  en viaje memorable con Claudio Rodríguez. Ha sido también profesor en la Escuela Europea de Alicante y en Burdeos. Ha obtenido diversos premios literarios, entre los que destacamos el Hucha de Oro de Cuentos en 2002, el Gabriel Miró en 2008, el Premio Internacional de cuentos Max Aub, en 2013, el premio Felipe Trigo con la novela Judith y Olofernes, en 2008 y ha resultado finalista del último premio Azorín de novela. El cuento de la vida ha obtenido el premio de novela Ciudad de Badajoz en 2016.



El cuento de la vida es una novela fundamentalmente argumental y, por lo tanto, difícil de resumir en sus varias peripecias, pero el paratexto de la contraportada nos sitúa ya en la trama: 

«Un supuesto exoficial nazi dirige una empresa dedicada a la búsqueda de los grandes misterios de las ciencias ocultas, continuando una vieja afición de algunos de los máximos dirigentes del régimen nacional-socialista.

Su salvaje asesinato se convierte en un crimen casi perfecto. Un maduro y escéptico policía deberá ir desentrañando la madeja de cada uno de los personajes en un paseo por sus laberintos personales que, paulatinamente, los convierten en sospechosos. Y así se mantendrá la tensión en una colección de interrogatorios que llegan hasta lo más profundo y oculto de sus vidas.» 

Parece claro que estamos ante un relato de intriga construido sobre la base del género de la novela policiaca: tenemos cuerpo del delito, tenemos al  escéptico detective Ferreras para investigar el crimen y tenemos también a unos sospechosos. La novela comienza de una manera abrupta “in media res” con el asesinato del exnazi protagonista Hans Maier y, a partir de aquí comienza la reconstrucción de unos personajes, mejor, la reconstrucción de unas vidas. […]


Pero he dicho hace un momento “parece” y es que yo creo que la novela de Fernando Villamía va más allá de los estrechos límites que siempre imponen los géneros. O dicho de otro modo, se trata de una novela que amplía el horizonte de la estricta novela policiaca, dando cabida a componentes de otros géneros como la novela psicológica o de lo que podríamos llamar novela intelectual, pues en El cuento de la vida abundan las reflexiones, las citas de autores y componentes de la metaficción con paratextos como el poema de Brel, el inicio del cuento de Blancanieves, el cuento del buey y el asno del pesebre, de Jules Supervielle... […]

Recuerdo ahora, por ejemplo, las reflexiones sobre lo que Unamuno llamaba “el misterio de la personalidad” (tema, por otro lado, fundamental en la novela), o la meditación sobre la soledad humana, las causas del dolor, etc. etc. Este núcleo moral e ideológico nos podría llevar a pensar que lo existencial pudiera ahogar un tanto lo novelesco, pero no es así: el relato es ágil, muy ameno y con la suficiente acción para que predomine lo novelesco sobre el componente reflexivo.

Mucho se podría hablar también del componente mágico y sobrenatural de la novela y de cómo se imbrica, de manera natural, en la trama.

Sorprende, por otro lado, la capacidad descriptiva, la potencia expresiva en el retrato de los personajes. Este rasgo de estilo  que ya estaba presente en sus primeros cuentos, lo ha mantenido y perfeccionado el autor y en El cuento de la vida el lector va a encontrar retratos inolvidables, como el del francés René Dreillard, de grandes conocimientos esotéricos y que además poseía el don de poder elegir los sueños. O el del pobre Arturo Medina, que era un feo teratológico. Fernando Villamía sabe concebir estupendos personajes (la novela se abre con un excelente retrato de Herr Mainer, sabe infundirles vida (esto es lo esencial), hacerlos creíbles e implicarnos, como lectores, en sus vidas.

También resulta original la composición a través del perspectivismo que ofrece la parte central de la novela con los informes de los diferentes personajes. Esta pluralidad de voces nos va a dar una visión de los hechos polifónica. Cada informe está construido como una especie de monólogo del personaje y esto va a ser fundamental en el ritmo del relato porque va a evitar las caídas en la monotonía. Cada personaje con su peculiar tono irá reconstruyendo no solo la vida del protagonista, sino lo que es más importante, la suya propia.

Y por último aludir, aunque sea de pasada a su habilidad verbal, a su capacidad fabuladora. Este novelista está, desde luego, entre los que saben contar historias. Algo que también se veía ya en sus primeros cuentos. Recuerdo ahora El traje. En ese cuento había ya fuerza narrativa, un tono personal hecho, sólido, en el que se intuía que este novelista podía contar lo que quisiera y El cuento de la vida es una buena muestra de ello.


Y, a continuación, transcribo algunos momentos de la disertación de Fernando Villamía:

La novela se me ocurrió en un viaje que, junto a mi mujer, hicimos por Dinamarca, Noruega y Suecia. En Noruega, en un momento determinado, la guía se refirió a lo que había sucedido en el país en la II Guerra Mundial. Aludió a los héroes de Telemark, que muchos conocíamos por la célebre película. Pero luego explicó algo que yo, al menos, desconocía: los Lebensborn. […]

Es curioso cómo funciona el –llamémosle así– mecanismo de la inspiración. Es un auténtico misterio cómo de golpe una palabra, una historia, un gesto, suscitan en nosotros el mecanismo de la atención. Y producen una auténtica obsesión que, antes o después, cristaliza en una historia. Y, sin embargo, otras historias, por maravillosas o fantásticas que resulten, nos dejan indiferentes y no convocan idea alguna. Mucha gente te dice: “Te voy a contar lo que me sucedió no sé dónde. Ya verás cómo a ti, que eres escritor, te sugiere un montón de ideas”. Luego todo eso queda en nada… […]


La historia del Lebensborn se quedó latiendo en mi interior, y fui dándole vueltas y más vueltas, documentándome y leyendo sobre el asunto, hasta que por fin surgió la idea y de ahí la novela. […]

Me interesa y me inquieta la naturaleza cambiante de nuestra personalidad.  No somos únicos ni monocordes. Somos varios y diversos. Hay un momento único en que el niño descubre su sombra. […]

¿Qué ocurre cuando a uno le han escamoteado la infancia, la familia, el pasado y la tradición a las que pertenece? Imagino que esa experiencia se vive como un cataclismo interior, de consecuencias psicológicas y sociales incalculables. Y por eso lo trato en la novela. […]


A través de la literatura, a través de la ficción accedemos al conocimiento de nuestra integridad humana, con nuestros actos y nuestros sueños, en nuestra soledad y en nuestras relaciones, a esa suma de verdades contradictorias que componen la vida humana. […]

Fernando Pessoa afirmaba: “Mi patria es la lengua portuguesa”. Y así es. La patria de un escritor es la lengua en la que escribe, su lengua. Por eso mismo, el escritor tiene que ser el sumo sacerdote del lenguaje, tratarlo como algo sagrado, como algo que toca la raíz más profunda del hombre y de la vida. […]



5 comentarios:

  1. Me ha parecido muy interesante. Lamento no haber estado allí escuchando a Fernando Villamía

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    1. Fue interesantísimo, te lo aseguro. Escuchando sus palabras, me recordaba las estupendas clases magistrales de la Facultad, con grandes estudiosos de la Literatura. Todo un honor. Gracias por tu visita al blog, florarueda.

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  2. Gracias, José Luis por "colgar" todo esto

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Gracias a ti, Fernando, por "visitarme" en mi humilde blog-morada.

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