domingo, 27 de noviembre de 2016

"Caballo caballo". Nuevo libro de Beatriz Blanco

El viernes, 25 de noviembre de 2016, Javier Lostalé presentó el nuevo libro de Beatriz Blanco titulado Caballo caballo, de la Editorial Pre-textos.


El acto tuvo lugar en la librería Rafael Alberti de Madrid.


Imagen tomada de "ABC"


Comenzó Javier Lostalé felicitando a la autora, por su nuevo libro, y a Juan Eduardo Zúñiga, por el reciente Premio Nacional de las Letras.

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A continuación, nos habló de la poesía de Beatriz Blanco, de sus características fundamentales y de las influencias de otros poetas en su obra.

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Tras presentar los libros publicados por la autora, Javier Lostalé pasó a reseñar el nuevo volumen de Beatriz Blanco, analizando los cuatro bloques y las peculiaridades más destacadas de cada uno de ellos.

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Terminado el discurso, tomó la palabra Beatriz Blanco para agradecer la exposición de Javier Lostalé y el esfuerzo hecho por la librería “Rafael Alberti” –y especialmente por Lola Larumbe– tras haber sufrido una lamentable inundación en sus instalaciones.

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Beatriz Blanco explicó seguidamente su concepto de poesía y algunos detalles de su obra.

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Finalmente, la autora prosiguió con la lectura de fragmentos de Caballo caballo y puntuales descripciones sobre su proceso creativo.

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Tras una lectura inicial –después del acto–, estas son mis primeras impresiones sobre la obra:

Caballo caballo es un poema onírico, presentado solemnemente en la primera parte de la obra: “En mi habitación”, donde una prosa mágica introduce un paisaje creado en la niebla de un sueño vital.

En el segundo bloque, “A caballo en el bosque”, se inician los versos que narran el periplo de una voz poética a lomos del ritmo marcado por un caballo negro, que pronto deja paso a un caballo blanco al que

Poco a poco los tambores de mi pecho
le entregan un nuevo ritmo.

El recuerdo de corceles mitológicos es constante, mientras se introduce en un bosque (territorio del hombre). Los sonidos, las voces, las canciones (A mi lado el río canta) los olores y las fragancias inundan el poema. Pero también aparecen breves sentencias que recuerdan un filosófico itinerario machadiano:  

Todos venimos de algún remoto mar.

El bosque es territorio del hombre.

La brisa enseñó a cantar al hombre.

En el tercer episodio, “Algarabía de voces”, surge una voz que se erige como corifeo (voz oracular para Beatriz Blanco) y que guía al primigenio yo poético por un camino, iniciado en el Paraíso, y que conducirá al océano final:

Cuando el hombre es expulsado de allí le conceden tres dones:
el canto, la protección de las telas, la compañía de los ángeles.

Los versos se pueblan de Ángeles mágicos y de Telas que cobran vida, hablan y se llenan de color.

Y al final de la vida vuelven ríos y telas a juntarse.
En el umbral encuentra el hombre un río.

Los hechos de su vida se transforman en telas.
Con ellas los ángeles se visten.

El último capítulo de esta épica personal se titula “Hacia el río”. En él se silencian las voces, la algarabía y hacen su aparición la reflexión y el silencio:

Las palabras han escapado como pájaros.

El caballo ha sido sustituido por una canoa donde telas y meteoros descienden a acompañar el delta de mi vida.

Y el poema finalizará así:

Yo cierro mis ojos. Es impúdico mirar la desembocadura de los ríos.

Dice mi amiga y maestra, María Teresa Bouza Álvarez, que la poesía imprescindible (o dicho con otras palabras, la “buena poesía”) es aquella que impacta y que no permite una sola lectura. En el caso de Caballo caballo, el dominio del ritmo, la sorprendente y fascinante epopeya íntima y su atrayente simbología han golpeado mi cerebro y mi corazón, siendo necesaria otra lectura catártica -por lo menos-.



Algunas imágenes del evento:






















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