domingo, 13 de noviembre de 2016

Presentación de la Antología «La luz que me faltaba» de Joaquín Benito de Lucas.

El viernes, once de noviembre de dos mil dieciséis tuvo lugar la presentación del libro La luz que me faltaba, de Joaquín Benito de Lucas, un poeta que sabe llegar al lector con su poesía directa y sincera -la verdad del poeta hecha verso-. 

Los textos de Benito de Lucas están llenos de recuerdos y sentimientos, recogidos en un íntimo álbum familiar. La evocación de la niñez es una constante y una excusa para hacer cómplice al lector de sus vivencias, como él mismo explicó en la presentación. El viaje es otro de los temas que aparecen en su obra. Viaje (peregrinación) a la India como excusa para mostrarnos otro viaje, el interior. 

Y como buen hijo, también nos muestra en su obra el amor a su Talavera del alma (de la Reina) y a su río Tajo, río de la vida y río vivo en el corazón.

Asistir a esta presentación ha sido una oportunidad para aprender -en una clase magistral de Poética- cómo se forja una vida alrededor de la poesía o, también, cómo la poesía nos lleva, a través de sus versos, por el camino de la vida.  


La Editorial Eirene y la Librería Lé organizaron un acto donde la poesía, el buen gusto y la cercanía fueron la nota dominante. 



Chelo Altable presentó la mesa, compuesta por Manuel López Azorín -poeta y director de la colección de Poesía de la Ed. Eirene-, Pedro A. González Moreno -poeta y autor de la introducción de La luz que me faltaba- y el autor, Joaquín Benito de Lucas.

Concepción Altable presentando la mesa. A su lado, Pedro A. González y Joaquín Benito de Lucas.

Colaboraron, además,  el violonchelista Francisco García-Bueno y el cantautor Moncho Otero.

                           Joaquín Benito de Lucas, Manuel López Azorín y Francisco García-Bueno.

Manuel López Azorín habló de Joaquín Benito, mencionando algunos datos biográficos y de su obra. 

Manuel López Azorín interviniendo.

Pedro A. González Moreno, literato y autor de la introducción del libro, continuó ahondando en la obra de Benito de Lucas y comentó cada uno de los diez libros que han sido incluidos en la antología. El conocimiento profundo de la obra de Joaquín de Benito resultó evidente y esclarecedor, lo mismo que los lazos de amistad y de admiración hacia el autor.

                                            Presentación a cargo de Pedro A. González.

Finalmente, Joaquín Benito de Lucas explicó y recitó algunos poemas de su obra acompañado del violonchelo de Francisco García-Bueno.

                                                                  Joaquín Benito de Lucas.

                                                                  Joaquín Benito de Lucas.

                                                                  Joaquín Benito de Lucas.

Su actuación fue emotiva y muy aplaudida por el numeroso público que asistió al acto.


Para finalizar, Moncho Otero cantó uno de sus poemas: "Elegía".

                                                                                Actuación de Moncho Otero.

(EN EL SIGUIENTE ENLACE HAY NUEVE VÍDEOS QUE HE ALOJADO EN OTRA PÁGINA, PORQUE AQUÍ HABÍA DIFICULTADES PARA QUE SE PUDIERAN VER ADECUADAMENTE:)

VER VÍDEOS:   CLIC AQUÍ.

                         Chelo Altable, Joaquín Benito de Lucas y Manuel López Azorín.


                           Fernando Yubero,  Joaquín Benito de Lucas y Rafael Morales Barba.



domingo, 6 de noviembre de 2016

Poemario de Nuria Herrera: "El sol en la cara"


Nuria Herrera presentó ayer, cinco de noviembre de dos mil dieciséis, en la Sala aleatorio de Madrid, su poemario titulado El sol en la cara



Como ella nos explicó, el título se debe a que los textos están hechos en la calle, en la Cuesta de Moyano, un lugar emblemático de la cultura madrileña. Allí, Nuria trabaja la poesía según la idea de Alejandro y Tania Panés (momentoverso.com). Son las personas que pasean quienes proponen un tema y la autora, con su Olivetti Studio 45 improvisa el poema del que luego se desprenderá para que se lo lleve el afortunado transeúnte. 



Se trata de una poesía de espera, mientras la vida pasa, es la transcripción, tecla a tecla, de unos ojos que observan el mundo desde el refugio de la creación, es el reflejo de un espíritu introspectivo y comprometido, es el latido de la intuición sincera.


La presentación del libro corrió a cargo de Ainhoa M. Retenaga que, con mucho acierto, fue dando pistas para conocer la personalidad creadora y la poesía de Nuria Herrera.


Antes de recitar sus poemas, Nuria quiso que Ainhoa recitara alguno de sus poemas. 



La obra de Ainhoa M. Retenaga gira en torno a la propia poesía. Es la inmersión en la palabra que crea el verso. Parece como si la perspectiva desde la que contempla el mundo fuera exclusivamente a través de un cristal tintado de poesía, donde cada vocablo está medido, perfilado y situado en el lugar preciso.



He aquí un poemas recitado por Ainhoa M. Retenaga:



Para finalizar su intervención, Ainhoa declamó "Serenidad" un poema del libro de Nuria Herrera:




A continuación intervino Nuria Herrera recitando e interpretando sus poemas. 



Estos son algunos de los momentos recogidos en vídeo:













Para finalizar el acto, Ainhoa M. Retenaga leyó un último poema de su obra: 




Un acto que entusiasmó a los asistentes y que se caracterizó por la entrega total a la poesía por parte de Nuria, de Ainhoa y del público.  









martes, 1 de noviembre de 2016

LA POESÍA NO ESTÁ REÑIDA CON LA PSICOLOGÍA

Búsqueda y desarrollo del talento. La genialidad de lo imperfecto, de María Ángeles Chavarría Aznar. Ed. ESIC. Madrid, 2016.

Un libro recomendado para estudiantes, padres, profesores y profesionales… para todos aquellos que quieran saber más sobre el talento, sobre su talento.


Este libro es una herramienta para descubrir nuestras posibilidades de mejora y de superación. Del título “Búsqueda y desarrollo del talento. La genialidad de lo imperfecto”, lo que más me gusta es la segunda parte: el reconocimiento de nuestras limitaciones como punto de partida. Ya lo dice la propia autora: En la imperfección se encuentra la diferencia, la rareza, la originalidad. Y, paradójicamente, es esa imperfección, «perfeccionada» con entrenamiento e ilusión, la que configurará un talento único que nos convierte en seres irrepetibles.

Tras el estudio de conceptos básicos relacionados con el talento, como son las inteligencias múltiples, las competencias, las habilidades, las capacidades… María Ángeles Chavarría nos propone la posibilidad de conocernos a nosotros mismos desde un punto de vista muy positivo: ¿En qué somos únicos?, ¿En qué nos diferenciamos?, ¿Qué sabemos hacer bien?, ¿Qué nos apasiona?...

Más adelante, aborda el estudio del dilema eterno: El talento ¿nace o se hace? Lo más importante de este asunto es saber que podemos heredar el talento, nacer hábiles, pero ese talento tiene que mantenerse activo y debe ejercitarse. En el siguiente capítulo nos plantea “Requisitos para que el talento surja y se ejercite”, de los que destaco estos dos: creer en uno mismo y estar dispuesto a equivocarse.


Continúa María Ángeles Chavarría exponiendo las implicaciones que la sociedad tiene en el descubrimiento y desarrollo del talento: padres, maestros, empresas…

Uno de los capítulos finales está dedicado al estudio de métodos para la detección del talento: según los rasgos de la personalidad, la morfopsicología, lenguaje corporal o el funcionamiento neurolingüístico de nuestro cerebro.
El último capítulo es una exposición de “personas que descubrieron su talento y persistieron”, donde aparecen desde el disléxico Tom Cruise hasta Leonardo da Vinci con su déficit de atención superado.

Todo el libro está lleno de oportunas citas de autores, pero lo que más me ha llamado la atención es el poema de Julia Conejo Alonso con el que María Ángeles Chavarría inicia el libro:

Elogio de los tirafondos

En todas las familias
hay alguna cuñada, tía, prima
que sabe qué hay que hacer exactamente
cuando un bebé no deja de llorar.

Alguien a quien se llama siempre
para arreglar un grifo que gotea,
para cambiar un enchufe en mal estado,
para ensanchar un vestido que no nos sirve,
para peinarte con un recogido
antes de ir a una boda.

Alguien que viene a tu casa
y te pide que le dejes unos tirafondos
para ayudarte a anclar la estantería,
sin sospechar que si le sacas
la caja de herramientas
es porque no tienes la menor idea
de lo que es un tirafondos.

Tú también tienes tus habilidades:
podrías recitar el soneto XXIII de Garcilaso
o exponer el análisis sintáctico
de cualquiera de las frases
que se obsequian en una conversación.

El otro día te llamaron
para preguntarte si el verbo prever
se escribe con una sola e
o con dos.
Y te sentiste tan imprescindible,
tan llena de sabiduría utilitaria,
como si hubieras colocado sin ayuda
los tirafondos de todos los armarios
que en el mundo han sido anclados
a pared alguna.

                            (Julia Conejo Alonso, de “Peces transparentes”)

martes, 13 de septiembre de 2016

"Aduanas de agua", de Juana Ríos

 
Aduanas de agua. Juana Ríos, Ed. Huerga & Fierro. Madrid, 2015

Es un placer descubrir auténtica savia nueva en la lírica actual. He abierto Aduanas de agua y con su lectura he sentido el alivio de unos versos que avivan el espíritu. Eso es, entre otras cosas, poesía.

Juana Ríos nos ofrece sus poemas con aparente sencillez, invitándonos a entrar en su mundo líquido, azul, con aduanas, pero sin límites. Sirva este poema como introducción y como prueba de lo afirmado anteriormente:

Sin esforzarte

Haces cosas extraordinarias sin esforzarte.
Por ejemplo, te gusta poner el cielo al revés,
así, cada vez que me asomo a un precipicio azul
veo una estrella brillante en el fondo.
Me miras y yo me olvido de todos los caminos,
construyes un laberinto en el aire
en el que me gusta perderme.
Pintas en tu pecho una ventana abierta,
y yo me cuelo, como una niña traviesa,
para sentir que en tu corazón está mi casa.

Juana Ríos en la presentación de su libro Aduanas de agua, el 27 de noviembre de 2015 en el Auditorio Millán Picazo de Algeciras. (https://www.youtube.com/watch?v=caDQv-7FIF0)

La sensación, tras llegar al último poema –en la contraportada–, es que Juana Ríos posee la facultad de poner las cosas del revés –como ella misma dice– y la capacidad de ofrecer un punto de vista distinto, colorista.  Y, sobre todo, que maneja las palabras y los versos con especial habilidad.

Esta singularidad se basa, fundamentalmente, en tres elementos. El primero es la utilización de recursos expresivos dispuestos adecuadamente para realzar y trocar el significado de las palabras. El segundo es el empleo de unos temas recurrentes a lo largo de la obra, que permiten atisbar el universo poético de la autora. Y el tercero es consecuencia de los dos anteriores: la recreación de un mundo paralelo, simbólico, donde las imágenes aparecen filtradas por un espejo, que ella misma define:

Coleccionista de instantes
guarda celoso, en silencio,
solitario y profundo,
las imágenes que roba
con la avaricia
de un océano.
                                            (En “Cuatro ángulos”).
  
Charo Fierro Juana Ríos y Pilar Pintor, en la presentación del libro Aduanas de agua, el 27 de noviembre de 2015 en el Auditorio Millán Picazo de Algeciras. (https://www.youtube.com/watch?v=caDQv-7FIF0)

En cuanto al primer elemento citado –los recursos expresivos– hay que destacar el uso de tropos en los que el significado se desplaza de una a otra palabra: El viento de Levante da palmadas a la ropa; o Bajaba la música, río tibio, por todas las ramblas de la noche. También hay que subrayar la destreza de la autora para variar el sentido de las palabras, especialmente de los colores: El rojo de la sangre late viajando, el azul ya no es un color; o En el naranja dulce de los nísperos se esconde el sol perezoso del atardecer. Completando este itinerario de recursos, hay que mencionar la amalgama de sensaciones que suele conformarse en sus versos: Una herida de dolor dulce, o Como esa canción en mis ventanas, voz oscura del temporal en el invierno; y, por otra parte, el realce dado a las palabras mediante la concesión de vida a seres inanimados: Mugirán los buques al abrirse paso sobre la sal; o El océano ha parido una luna llena…

Otro fundamento poético de la obra de Juana Ríos es el trasfondo temático de su poesía. Todo el poemario está impregnado de alusiones al agua en sus diversas formas (charco, río, mar, océano), y distintas apariencias (lágrimas, lluvia, tormenta). Además de las Aduanas de agua, en el título (que a mí me sugiere momentos de reflexión en el camino, paradas necesarias para desprenderse de lo prescindible y seguir viviendo o navegando "ligero de equipaje"), encontramos canciones del agua, el silencio del agua o el yo poético de Juana Ríos fundido en el líquido elemento:

Yo me hice agua para acariciarte en la tormenta,
dibujando en el espacio el contorno de tu cuerpo
con mis manos frías de aguacero.
                                                                                    (En “Un árbol y un río”).

Junto al agua, también están los otros tres elementos de la Naturaleza: aire, tierra y fuego. Aunque este último es el menos aludido, lo vemos donde papita la vela, como volcanes suspendidos, como un sol imaginario y, especialmente, como medio de purificación:

Has quemado todas tus naves tras de ti,
arden en las playas amarillas de tu memoria,
ante el asombro cristalino del océano.
                                                                          (En “Aduanas”).

La tierra tiene un papel vital, de contacto, pero sobre todo la veremos convertida en barro: charcas de barro rojo o charcos de barro donde se mece la alegría. Pero es el aire el elemento que ocupa muchos de los poemas del libro, en forma de viento y especialmente de Levante.

Hay árboles que murmuran desde el bosque,
donde el viento les arranca las palabras.
                                                                          (En “Mapas en tus dedos”).

El viento de Levante enreda
sus dedos largos y húmedos
en el negro de mi pelo…
                                               (En “Sirenas”).

Y el viento de Poniente [...]
me envuelve, posándose sobre mí como un abrazo.
                                                                                    (En “En mi sangre”).

No menos importancia tienen los colores en la poesía de Juana Ríos. Sobrevuelan muchos de sus versos, especialmente el azul, dándoles fuerza expresiva y viveza:

Ahora que ya no te basta extender tus manos
sin tocar el humo blanco de las sábanas
que viajan retorciéndose en el azul.
                                                                             (En “Te dejas caer”).

Un ejército de minúsculos soldados azabaches
saquean el pan de la despensa,
mientras las mimosas en el jarrón,
derraman su amarillo.
                                                                             (En “Casa vacía”).

Destaca notablemente el interés de la autora por todo aquello que tenga que ver con la palabra y con el "idioma de las cosas": Yo dibujaba palabras que no recuerdo (En "Siempre es verano en tu sonrisa"). El lenguaje turbio de las lágrimas (En "La nostalgia de los peces"). Cuando el azul era el idioma del cielo... (En "Los zapatos del tiempo"). Alguien escribe con los labios en el aire palabras azules (En "Callejones"). Me muestras las manos vacías, ellas me hablan en idiomas por crear. (En "Aduanas").
Incluso, algunos de los títulos de sus poesías también lo demuestran: “La lengua de los sueños”, “Idioma de las sirenas”, “En la lengua del mar”.

Charo Fierro Juana Ríos y Pilar Pintor, en la presentación del libro Aduanas de agua, el 27 de noviembre de 2015 en el Auditorio Millán Picazo de Algeciras. (https://www.youtube.com/watch?v=caDQv-7FIF0)

Para no abrumar al amable lector, al que emplazo a bucear entre los textos para hallar más ejemplos, mostraré brevemente otros temas reiterados por la autora:

- La luz: El haz de que atraviesa el pasillo es una puñalada rectilínea. (En “Puñalada”). Espada de luz que atraviesa el alma (En “Meandros lentos y desesperados”).
- El sueño, generalmente presentado como anhelo: El miedo disfruta amordazando los sueños. (En “Diques de paja”).
- Los ojos, medio de comunicación, lugar de paso, refugio de los sueños... Se me llenan los ojos de ríos y peces curiosos. (En “Camaleones”).
- El dolor: Heridas invisibles del alma (En “Anemia de la alegría”). Refugiarme en mi caracola de nácar y canciones / cada vez que me doliera el alma. (En “Caracola”).

Además de las reflexiones sobre el tiempo, la muerte y la vida, surgen en sus páginas recuerdos de infancia, cargados de vida y de ternura. Transcribo uno de ellos:

En los espejos

En la casa de mi infancia ríen los espejos.
En el patio el jazmín llueve blanco
sobre una tortuga.
El rosal trepador busca el cielo,
abrazado a la enredadera,
mientras da sombra a los niños que juegan. [...]

Hoy, en esos espejos que no sabían de tristezas,
se asoma aquella niña desde mi mirada.
La de los grandes ojos, y la inocencia.
La que me emociona cuando la encuentro.

Hago ahora alusión a un tópico literario tratado puntualmente por Juana Ríos: el homo viator, el carácter itinerante y viajero del ser humano.

En la cafetería del puerto un pasajero con prisa
pedirá un café con leche corto de café
y buscaré sus ojos un instante para mirarte.
                                                                             (En “Un pasajero”).

Deseamos detener el viaje de la nube en
     nuestro cielo,
que su belleza despierte por siempre
     nuestros sueños.
y la nube solo responde al viento.
                                                                             (En “El viaje de la nube”).

Y para finalizar este bloque, un excelente poema de amor que se comenta por sí solo:

La gota en el espejo

La gota que llora en el espejo
abre un camino de nitidez
en el que se refleja tu ombligo.
Difuso y hermoso se adivina tu cuerpo desnudo.

Mi dedo dibuja un corazón que se queja levemente,
enmarca tu sonrisa y tus ojos que me miran.
Desde tu imagen de piel y suavidades,
de trampas y abismos que me llaman
se escapa una risa, como una canción,
que me atrapa, me vence, me invita.

Juana Ríos firmando ejemplares de su libro Aduanas de agua. (https://www.youtube.com/watch?v=caDQv-7FIF0)

El tercer elemento al que hacía referencia al principio es la capacidad de la autora para hacer fluir poéticamente las palabras y realizar combinaciones de diversos temas, creando otros mundos que llevan al lector a un nivel de conocimiento y de sensaciones diferente.
Es, por continuar con la analogía del agua, como si Juana Ríos tuviera una noria poética y sus dos ruedas engranadas –la palabra y los contenidos– se mezclaran y sacaran a la luz, en cada cangilón, un poema nuevo, siempre distinto...
He localizado, finalizando el libro, tres poemas que pueden servir como arquetipo de esta creativa rueda poética que Juana Ríos parece dominar: “El viaje de la nube”,  “Naufragio” y “Océanos fríos”. Copio el segundo:

Naufragio

En los ojos del perro que ladra a la noche
se esconde un naufragio de miedo y silencio.
Bajo los juncos trenzados de tus costillas
un caballo triste golpea los adoquines de
     ningún camino.
Lo oscuro de la sombra que te nace en los pies
y se derrama por la acera palpita calladamente,
te sigue fiel levitando sobre los charcos,
susurra con voz de piedra palabras que huyen,
pequeñas lagartijas inquietas que buscan un
     sol imaginario.
Sabes que hay una mañana agazapada tras el Este
prisionera en el ciclo de los días y las noches,
traerá, cansada o triunfante, la luz
para adueñarse de la ciudad y herir cada callejón,
iluminar cada cicatriz,
dotar de contorno ese dolor que tiene puños
y juega a torturarte desde muy dentro,
sin cansarse, sin dormir,
sin piedad.


Espero haber demostrado fehacientemente alguno de los planteamientos que hacía en los primeros párrafos de esta reseña y que podían sonar a elogio gratuito. Convoco a los lectores a seguir comprobando todo lo comentado y, sobre todo, a disfrutar de la obra de Juana Ríos.


domingo, 4 de septiembre de 2016

"La estatua de lava", novela de Pedro A. González Moreno



Aunque lo irreal y los acontecimientos fabulosos tienen cabida en cualquiera de nuestros sueños, ya sean conscientes o involuntarios, el problema se produce cuando realidad y fantasía se mezclan en un mismo nivel. En ocasiones podemos comprobar que los sueños "se cumplen", pero resulta más complicado demostrar que los hechos objetivos que hemos vivido –por muy imposibles que parezcan– no son producto de la imaginación.


Carlos, el joven protagonista de La estatua de lava, novela de Pedro A. González Moreno se ve involucrado en una serie de acontecimientos extraordinarios, inverosímiles, que ha de afrontar con decisión y responsabilidad y tratar de convertirlos en hechos creíbles, lógicos.

Narrado en primera persona por el protagonista, se trata de un relato donde las peripecias juveniles se mezclan con las meditaciones personales y el análisis de los otros personajes a través de Carlos. El autor ha sabido darle voz y vida propia a su personaje, que madura a marchas forzadas y que parece resolver las situaciones complicadas por sí solo. Es un excelente estudio del alma humana, en plena juventud, que se enfrenta a la dicotomía que los demás –desde sus padres hasta sus amigos– le imponen: o es realidad, o es un sueño; o es una mentira, o es imposible... Y, además, habrá de afrontar el reto de descubrir la amistad a partir de la confianza ciega o de ser consciente del amor imposible –que no platónico–: Y, sin poder contener alguna lágrima, acaricié también los brazos... Incluso, aprovechando un instante en que mis padres habían dejado de mirarme, me empiné un poco y con un sentimiento que estaba a mitad de camino entre la pena y el agradecimiento, la besé en los labios.



El desarrollo de la historia resulta atrayente por su cuidada elocución, a pesar de la utilización de registros cercanos a los personajes, y por el planteamiento de su estructura, que comienza in media res, para ir desvelando poco a poco los acontecimientos que han llevado a Carlos a ser considerado casi como un demente y que han dejado al pueblo en el que veranea en una peligrosa situación: el mar ha retrocedido cientos de metros. La lectura es amena y poco a poco la intriga se va haciendo con el lector de manera envolvente.



Son importantes los momentos de reflexión sobre la condición humana:

– Vosotros sois como esas aves o como esas mariposas que cruzan un instante por el aire y luego desaparecen para siempre sin dejar rastro. Sois hormigas que salen de sus agujeros y van y vienen con sus problemas o con sus granos de trigo a la espalda, pero no entendéis nada aunque os paséis gran parte del tiempo buscando respuestas en esos libros que no os explican la verdad.

– Ya sé lo que estás pensando –continuó– Tú quieres a tu pueblo, a tus amigos, a tu familia, y estarías dispuesto a cualquier cosa por salvarlos a todos. Algunas veces dicen que los héroes hacen cosas así. Son capaces hasta de morir para salvar a otros. Y otras veces, qué cosa tan extraña, os matáis los unos a los otros sin motivo.

La voz poética de Pedro A. González aparece en alguna ocasión dando unas pinceladas líricas:

– Si pudieses mirar al sol, seguramente me verías cómo soy. En él están todos los fuegos...

Tuve la seguridad de que ella estaba por allí, muy cerca de nosotros, mirándonos desde algún lugar con sus ojos llameantes y su sonrisa triste.



La estatua de lava es un libro recomendable para alumnos de sexto de E. Primaria y primer ciclo de la ESO. Su lectura y comentario puede ser un motivo para trabajar en clase, además de la tipología textual, el vocabulario y otros elementos lingüísticos y literarios, las relaciones personales (padres, amigos), la responsabilidad y moralidad de nuestros actos, además de ser una excusa para repasar conocimientos de Geología y Vulcanología.