miércoles, 3 de enero de 2018

"Macedonia de Frutas. Antología poética" de Miguel Garrido

He tenido la suerte y el placer de recibir un regalo navideño especial: una antología poética de Miguel Garrido titulada Macedonia de frutas. Su autor es un asiduo asistente a los recitales poéticos que Rosario de la  Cueva organiza en el Centro Riojano de Madrid. Allí entablamos él y yo una breve conversación sobre la composición lírica y me ofreció su libro, que he leído con mucho agrado y placer.



El libro comienza con un poema titulado “Pórtico”, que sirve de ingeniosa presentación para el extenso florilegio:

Pórtico

Macedonia de frutas con olores,
colores y sabores de la tierra:
amargos, dulces, ácidos o suaves,
que en la boca deshacen sus esencias.

Frutas dulces que impulsan la alegría
de saber y sorber la vida plena.
Ásperas frutas que en su gusto amargo
las penas de la vida nos recuerdan.

Frutas cuya acidez suelta las lágrimas
y como un revulsivo nos despiertan.
Y esas frutas que suavemente bajan
en digestión sin prisas ni sorpresas.

Macedonia de versos,
como las frutas que nos da la tierra:
amargos, dulces, ácidos o suaves,
y en el alma deshacen sus esencias.

Miguel Garrido es un poeta que ha recogido los sentimientos, las impresiones y los testimonios de toda una vida en una obra muy bien estructurada; con especial delicadeza y cuidado, Garrido expresa las experiencias que un espíritu curioso y metódico ha ido anotando e interpretando líricamente durante años.

La temática de los textos presentados es numerosa y variopinta: paisajes, figuras, elegías a la desazón de vivir, amor pensativo, niños y mascotas…además de unos originales sonetos menguantes o el especial rincón de los poetas.

Transcribo algunos de los momentos más destacados de su obra:

Perteneciente al primer bloque, titulado “Cantos a la alegría de vivir”, pongo de relieve algunos fragmentos que considero interesantes para ejemplificar el buen hacer poético del autor. El primero se refiere a su trastero y el segundo a su armario de juguetes –poesía de lo humilde y de lo cotidiano–:

Aquí el hogar mantiene su memoria
y una estación de paso hacia el olvido.
cementerio de los objetos muertos.
infierno y purgatorio en revoltijo.
(En “El trastero”)

gh

Pero nuestros juguetes quedaron encantados
en una infancia eterna donde el tiempo no existe.
Y envueltos en nostalgias aguardan nuevas manos.
(En “El armario de los juguetes”)

Dentro de este conjunto de poesías encontramos algunas bajo el epígrafe de “Sensaciones” o “Propósitos” a ellos pertenecen estos versos:

Es un eco tal vez del país encantado
que al dormir visité virginal.
Que la vida es un fino cristal vertical
con el lado del sueño dorado y el lado
de los grises del mundo real.
Y quizás sin saber cuál es cuál.
(En “Canción al despertar”)

gh

He creado la estampa de los bosques,
la magia de la brisa rizando praderas,
los enfados del mar, reinventándose siempre,
los gritos del torrente saltando entre las peñas.
[…]
La belleza no existe por sí misma.
Es el alma del hombre quien la crea.
(En “El tiempo”)

gh

Me cansé de vivir la vida en prosa
(esta vida mezquina a ras de suelo).
Quiero ascender a las regiones puras.
Quiero soñar, quiero vivir en verso.
(En “Prosa y verso”)

Esta última estrofa es todo un canto de entrega y pasión por la poesía. Para terminar esta serie, copio uno de los mejores momentos líricos según mi opinión:

Megalomanía onírica

Me gustaría a veces ser la última
persona que quedase en el planeta,
en un mundo vacío y silencioso
que por completo y sólo mío fuera.

Poderme pasear sin prisas ni ansias
por las calles de la ciudad desierta
En las casas entrar, abrir ventanas,
cruzar los Se prohíbe de las puertas.

Sentarme en el sillón del presidente
para echarle un discurso a las estrellas.
Hacer pintadas contra los gobiernos
de años seis mil de explotación y guerras.

Poder cantar, gritar, llamar a voces,
cuando sabes que nadie te contesta.
Apreciar la tristeza y la alegría
de saber que a los hombres representas.

Y luego, frente al fin definitivo,
ponerme en pie y alzando la cabeza
a los cielos gritar: Conmigo acaba
del viejo Adán la estirpe (¿o la pandemia?).

(Murió la humanidad. Y Dios descansa
por fin sobre la tierra). 

En el apartado siguiente, los temas tratados en los poemas giran alrededor del amor, de ahí el encabezado: “El amor pensativo”, que incluye amores de juventud, “La lujuria dormida” y “Los amores profundos”, dedicados a su esposa y a su madre.

Con “El primer verso” inicia Miguel Garrido sus recuerdos juveniles:

Mi primer verso: duende
que, tímido y travieso,
extraño, pero amigo,
malo, pero sincero,
reza al primer amor
con miedo de ofenderlo.
(En “El primer verso”)

Este es otro poema relacionado con sus primeros amores:

Los notarios
Hoy he vuelto a pasar bajo aquel árbol
donde una tarde blanca fuimos novios.
Donde quedó el amor, con nuestros nombres,
grabado, entre suspiros, en el tronco.
Hoy que el amor se ha muerto, indiferente,
nuestros nombres seguían. Pensé sólo
que los árboles deben –por notarios–
tener mejor memoria que nosotros.


Y dos fragmentos más que recuerdan a su madre y a su esposa:

Mamá:
el niño se hizo mozo y luego hombre,
tú siempre eras mamá.
El refugio y el puerto. La luz, la estrella, el libro.
La bóveda, el pilar.
(En “Amor y muerte de mi madre”)

gh

Pedestal para mis sueños.
Parte real de mí mismo.
Puente de amor y de sangre
a mis hijos.
(En “La esposa”)


En el grupo de poemas cuyo encabezamiento es “Flores de barro” encontramos a un poeta social, comprometido. Él mismo nos indica, al comienzo, su intención:

Toscos poemas con sentimiento, honestidad, argumento y cierto aroma de rebeldía social. Algunos, bastante largos, hay que leerlos completos, como penitencia para que nuestros pecados de ciudadanos de moderna superficialidad sean perdonados. Hay también algunos poemas que quieren ser irónicos y suelen quedarse en nostálgicos.


De este apartado destaco dos poemas. El primero, “Mecanógrafa”, me recuerda mucho a “Dactilógrafo”, que escribió Mario Benedetti. Un texto reivindicativo, según explica el propio autor:

Mecanógrafa

Un paisaje de números por tu vista resbala.
Tinta y polvo. Expedientes. Y luz artificial.
(Sobre la orografía de papel de la sala
tus risas de muchacha vierten un manantial).

Sentada ante la máquina de escribir (esta vieja
fábrica para enanos) intentas trabajar.
Un cigarrillo enciendes. Y el humo azul te aleja
hacia un ensueño dulce: dulce amor, dulce hogar.

Distinguido señor. Dos puntos. Y el hastío.
Ya dejas de escribir: ¡hoy no está el director!
Te espera en el cajón (el alma siente frío),
brazos y hojas abiertos, la novela de amor.

Amor: vals de la vida. Y una voz: Buenas tardes.
Cierras, veloz, el libro. Y miras sin querer.
¡Peste de compañeros! Ridículos, cobardes,
desprecian tu trabajo por ser de una mujer.

Piensan en los entierros que los hombres no lloran,
pero lloran si suben el sueldo a su rival.
Discuten como sabios de todo lo que ignoran.
Se acusan y se esconden como en un carnaval.

Se postran ante el ídolo de su propia tarea.
Tienen todos un alma de ¡muñecos! Y amor:
Amor: neblina falsa. Y estrujando la idea,
Regresas a tu máquina:
   

Y tus dedos descalzos huyen por el teclado,
cuidando que las uñas no rocen el barniz.
Huyen de ti, del tedio, del ambiente cansado ...
Tus pulsaciones gritan:
¡Amor!, ¡amor feliz!

Juventud, la flor seca que en un libro reposa.
Desencanto y cansancio: dos veces soledad.
Y hasta la mecanógrafa de la novela rosa
se casó con el conde y olvidó tu amistad.


Y el otro poema que elijo es un texto que no tiene caducidad, ya que sigue vigente, desafortunadamente:

El mendigo
Ante el escaparate de la pastelería
–opulento de dulces, refulgente de luz–,
de una figura oscura siento la cercanía,
recortada en la línea del fuerte contraluz.
La observo de reojo: sin duda es un mendigo,
con aspecto cansado de viejo perdedor.
Se envuelve en la bandera de un desastrado abrigo,
soldado de una guerra perdida y sin honor.
Despacio se me acerca. Despacio retrocedo.
Un paso da adelante. Un paso doy atrás.
Y de pronto susurra: –Señor, no tenga miedo.
Le pediré un pequeño favor y nada más.
Su mano en el abrigo rebusca su fortuna.
y un montón de monedas saca luego de allí.
Las mira y las recuenta con cuidado una a una.
Y, calderilla en mano, se arrima más a mí.
–Me prohíben la entrada, murmura, fatalista.
¿Querría usted comprarme dos pasteles, señor?
Me tiende las monedas y bajando la vista,
repite humildemente:
Por favor, por favor.


Dentro del Capítulo “Niños y mascotas” encontramos un poema titulado “Marcha de los soldaditos de plomo” que incluye unas instrucciones para que se lea, si es posible, escuchando la Marcha de los soldados de plomo de Gabriel Pierné. Son numerosos los textos aclaratorios y los comentarios del autor que aportan datos sobre las circunstancias en que se crearon o sus intenciones:

Los rostros de la brisa
El padre y los hijos adolescentes fantasean sobre la brisa, una tarde de verano, en una playa asturiana.
-¿Y qué es la brisa, hijos míos?
-Las cosquillas en la cara.
-Las ramas que se columpian.
-Las nubes blancas que pasan.
-El silencio que susurra.
- El fuerte olor de las algas.
- Las brumas cuando recogen
sus gorros en las montañas.
-Los humos, que se deshacen
en pinceladas abstractas.
- Las olas, cuaderno efímero
de rayas sobre la playa.
-El tobogán invisible
donde las gaviotas bajan.
-Aliento azul de Dios Padre,
suspiro limpio de un hada ...
(¡Fuera, no vale, es muy cursi!).
- De un hada cuando se lava
los dientes, como nosotros,
temprano por la mañana.
(Y los ánimos se encrespan,
la discusión se hace rápida):
-¡Un duende que te despeina!
-¡Una bandera agitada!
-¡Una chica sujetándose
las faldas que se levantan!
(¡Fuera, no vale, no es seria!).
- Pues ecuación matemática:
velocidad, dirección,
binomio y raíz cuadrada.
-La brisa son las ideas ...
-Ya está bien, hijos, ya basta.
Todo es cierto y todo es falso.
La brisa es todo y es nada.
-¡La brisa son las ideas
que nos lanzamos airadas!
-¡Y en vendaval se convierten
cayendo frescas del alma!
(Los hijos -pasión y lucha-
se arrebatan las palabras,
mientras el padre, abrumado,
abandona la batalla).

Verano de 1983.-
Piñeeres de Pría, concejo de Llanes, Asturias.
A mis hijos: Mónica, 14 años, Alfredo, 13, y Laura, 10.


La siguiente sección está dedicada a “Jardines y estaciones”. Contiene cantos a elementos de la naturaleza e incluso “Coplas a mi antigua casa”. Pongo de relieve el siguiente texto:

El viento

¡Ay viento transparente!
Si eligieras color,
¿con cuál te quedarías
para vestir mejor?

¿Azul de cielo claro?
¿Rojo de ardiente sol?
¿Verde de suave prado?
¿De la tierra el marrón?

¿Amarillo de espiga?
¿Polícromo de Bar?
Ay, viento, ¿me permites
que te aconseje yo?

Si eres brisa y caricia,
sé blanco, por favor.
Si eres tormenta y golpe,
el negro da temor.

Ay, viento, amigo mío,
Te amo más en color.

Si yo pudiera verte,
¡qué perfecta la unión!


Y, además, reproduzco aquí un fragmento de “Primavera de jardín provinciano”, donde la broma y el desenfado están muy presentes:

¡Vaya primavera más cursi y ridícula
la del jardín grande de nuestra ciudad!
La jardinería la corta en cuadrícula,
mas no hay primavera si no hay libertad.
[…]
Cada rincón tiene su altar al Mal Gusto:
en lugar de estatuas aladas, el busto
de un burgués glorioso y cubierto de hiedra,
que pone los ojos en blanco del susto
de ver a unos novios que se besan, justo
bajo sus tremendos bigotes de piedra.
(En “Primavera de jardín provinciano”)


La parte titulada  “Paisajes y figuras” incluye poemas dedicados a personajes anónimos y a ciudades como Ginebra, Londres, Valladolid, Madrid, Lisboa… donde demuestra un profundo conocimiento de las mismas y una intensa admiración:

Yo tenía diez años y vivía en las nubes.
Estaba enamorado apasionadamente
de una ilustre vecina de nuestra ilustre villa,
Su Majestad en piedra, nuestra diosa Cibeles.
(En “Madrid, mis amores en piedra”)

gh
Dejemos a los áulicos poetas inspirados
que recuerden las glorias del imperio romano,
sentados en sus piedras venerables, formando
con lágrimas en verso los más excelsos charcos.

Yo, que soy un poeta todo terreno, canto
simplemente a los gatos:
Salve, gatos de Roma, mis esquivos amigos.
Silenciosos, distantes, discretos inquilinos
de estas ruinas heridas del paso de los siglos
y el peso de los hombres.
                                        Vosotros, que estáis vivos
entre las piedras muertas que van hacia el olvido,
en su melancolía ponéis vuestro optimismo.
(En “Saludo a los gatos de Roma”)


Miguel Garrido presenta su serie “Pequeño sonetario” afirmando que escribir un soneto es como hacer un proyecto para graduarse como poeta… De sus más de doscientos sonetos, el autor dice haber dedicado casi un centenar a amigos y compañeros: Me parece que el soneto es una forma redonda para encajar sentimientos y describir personas, a la manera de pequeños retratos literarios. Garrido selecciona algunas composiciones y yo elijo estas dos piezas por su filosófico mensaje:

Pensar, soñar

Dijo Renato: Pienso, luego existo.
Pero Pedro añadió: La vida es sueño.
¿Son pensar y soñar un doble empeño
para afrontar nuestro final previsto?

Pensar en qué soy yo y en qué consisto?
¿Pensar si existe Dios y es juez y dueño?
¿O soñar y olvidar que soy pequeño
y al fundirme en la nada la conquisto? 

Pensar:
Sí soy. Soñar: No soy. Dilema
que Guillermo también trató en su día,
cuando escribió:
Ser o no ser. Problema

que no ha resuelto nadie todavía:
Pensar, soñar, doble postura extrema
que hace eterna en el hombre la agonía.
*
Evidentemente, Renato es René Descartes, Pedro, Pedro Calderón de la Barca y Guillermo, William Shakespeare, o sea, el francés, el español y el inglés.- Agonía se entiende aquí en su significado etimológico de combate.

gh

Canción del hombre concienciado

¡Qué gozo fue quitar prados, colinas,
arroyos, bosques, campos de amapolas,
estrellas, brisas, vivas banderolas
de bandadas de oscuras golondrinas

para poner viviendas y oficinas,
compactas geometrías, rompeolas
de cemento y metal. Y mil farolas
donde los perros marcan sus esquinas!

Vivo en la vida gris jovial tristeza.
Sorbiendo aire poluto yo disfruto.
El dolor de cabeza da nobleza.

Con prisas y tensión pago el tributo.
Y he cambiado la vil naturaleza
por el Santo Producto Interior Bruto.


Además, Miguel Garrido incluye un soneto escrito en idioma lirinn (inventado por él en su novela corta Geografía e Historia de Lirinca:

San viantix eiran
Vai axia u tarix lasis, estolastian,
anseraxian es tasian anorodion:
agosis san tenadix mennox modion
c' acrimanen es anex nosivastian!
Traducción:
Las santa iras
Me pongo a vuestro lado, iconoclastas,
heterodoxos y rebeldes todos:
¡abajo los fingidos buenos modos
de hipócritas y falsos entusiastas!

Finaliza este bloque con una serie de “Sonetos menguantes”, un juego métrico donde las piezas van disminuyendo de nueve a tres sílabas “con lo que espero que el alto tribunal de las musas me conceda el título de Poeta cum laude, aunque solo sea en reconocimiento al esfuerzo realizado” –dice el autor–:

Risa y sonrisa
Qué sana
la risa,
sin prisa,
con gana.
Galana
sonrisa,
cual brisa
temprana.
Un justo
remedio
con suerte,
que en gusto
mi tedio
convierte.


Del apartado que viene a continuación, “Elegías a la desazón de vivir”, he seleccionado algunos de sus pasajes más destacados donde el poeta habla de Dios, la muerte, el mundo, la vida… y reflexiona sobre ello:

El ruido y el silencio

El estruendo del mundo sube al cielo.
y Dios está enfadado:
Hágase el silencio, dice al fin un día
(el enésimo día, para ser exactos).

Y el silencio ha caído en la ciudad
como un sólido manto.
Y la deja sin ruidos, sin tumultos, sin músicas,
sin manifestaciones y sin tráfico.

Y Dios mira su obra y en ella se complace.
y dice a los humanos:
-Os permito tan sólo el rumor de las olas,
la canción del torrente despeñado,
el siseo del viento entre los árboles
y el canto de los pájaros.

Y luego Dios durmió. Y al despertarse
el ruido estaba allí otra vez, bronco, a su lado.

(Porque hay cosas, Señor, que ni Tú mismo
podrías arreglar con un milagro).

gh

El mundo me está grande
y me rebosa por todos los extremos.
Es como un viejo traje, holgado y sucio
que se escurre y me aprieta al mismo tiempo.

Con dobleces que hieren
y bolsillos vencidos por el peso.
Con desgarros que al aire me desnudan
y con manchas que ensucian los ensueños.

¡Qué molesto, qué extraño y qué ridículo
dentro del viejo traje yo me siento!
(En “El mundo”)


El siguiente poema tiene un cierto parecido con “Palabras para Julia” de José Agustín Goytisolo. Ambos merecen estar en la categoría de los mejores testamentos poéticos:

El juguete
Hijo mío, maneja con cuidado
este juguete raro que es la vida.
Es frágil y se rompe fácilmente.
Sólo se usa una vez y va de prisa.
El que llamamos Dios, el fabricante
-ciega y sorda entidad, lejana y fría-,
se niega a recibir reclamaciones
después de facturar la mercancía.
Y si intentas abrirlo, a ver qué hay dentro,
una caja hallarás, hueca y vacía.
¿Pensabas ver el alma? ¡Si no existe!
El alma es sólo un soplo de energía.
Y tu mente, un efluvio de tu cuerpo,
que al jugar con la vida se imagina
que posee un tesoro inagotable
en lugar de una endeble baratija.
Cuida bien tu juguete sin embargo,
porque a pesar de fallos y fatigas
es todo lo que tienes como herencia,
con él comienzas y con él terminas.
¡Piensa que ir no podemos
a la juguetería!

gh
El tiempo es el señor de nuestras vidas.
El tiempo nos robó la libertad.
Esclavos suyos somos y mendigos,
mendigando más tiempo, más y más.
De niños nos llenaron la cabeza
con consignas de astuta iniquidad:
No lo pierdas, No sueñes, No te embobes,
El tiempo es oro, no lo emplees mal.
(En “El tiempo”)


El penúltimo bloque, “El rincón de los poetas” es una interesante especulación sobre la creación poética, la inspiración y las “armas del poeta”. Dejo aquí dos instantes de su obra:

Yo me siento poeta, camaradas
[…]
       porque a menudo
-en medio de mi vida monótona y cansada-
la diosa me ha tocado con su dedo meñique,
el ángel ha batido cerca de mí sus alas
y al sentir aquel roce y esta brisa
se me ha partido en luces todo el alma
-igual que la girándula de un fuego de artificio-,
fuera y ajena a mí, sin tiempo y sin distancia.
(En “Saludo a todos los poetas”)


Las palabras

Aquí está nuestra herencia: poco a poco,
desde que somos niños, nos regalan
-con el tesoro inmenso del idioma-
un gran cajón repleto de palabras.

Cada palabra es una catedral en sí misma.
Con la piedra del tiempo fue labrada.
Los hombres la vivimos, la usamos, la violamos.
y ella resiste y se transforma y gasta.

(Hay palabras que viven para siempre.
y hay palabras que mueren olvidadas).

Pero además de ser el lazo entre los hombres
y de hacer con sus frases los muros de la casa,
las palabras moldean nuestra mente,
las palabras le ponen cuerpo al alma.

Con palabras pensamos y soñamos.
La historia escriben y la historia guardan.
En ellas conservamos nuestra sabiduría,
hacemos nuestras leyes, sentimos la esperanza.

Con palabras se sufre.
Con palabras se ama.
Con palabras se habla y con su acento
se pone una voz propia a cada patria.

(Si las manos son nuestras herramientas,
si las piernas sostienen nuestra marcha,
si abarcamos el mundo con los ojos,
la vida se completa en las palabras).


El último conjunto de poemas, titulado “Tono menor” tiene un carácter recopilatorio de versos breves, haikus, tankas y otros juegos poéticos. Copio algunos de ellos:

Tiende el ciprés
su dedo solitario
clamando al cielo.
(En “Haikus”)

La fiesta estalla
con músicas y luces.
¿Dónde te encuentras?
Si no estás a mi lado
para mí nunca hay fiesta.
 (En “Tankas”)

Fin

Qué difícil resulta
terminar de escrib
ir
para poner debajo
esta palabra:
Fin.
Cada vez que la escribo
me acongojo a morir:
¿Será este
Fin el último
Fin de todos mis
Fin?

Enhorabuena a Miguel Garrido por sus setenta años escribiendo poesía. Es un trabajo meritorio que aporta una brisa poética original, un punto de apoyo para la reflexión y una exposición de momentos íntimos para que el lector se recree.


miércoles, 27 de diciembre de 2017




Faustino Lobato nos muestra en su libro Un concierto de sonidos diminutos (Ed. Herákleion) a un poeta del mundo contemporáneo que capta, con su mirada diferente, íntima y exclusiva, instantáneas vitales, como si de una lírica cámara oscura se tratase. Sus poemas son imágenes del día a día (los frenos de un coche despiertan / el dialecto del asfalto) (la sonrisa no está de oferta / y el amor no entra en las rebajas); sus textos son reflejos de una realidad circundada por el monótono fragor de lo cotidiano. Pero, a pesar de eso, es capaz de aislarse del ruidoso mundo que le rodea:

Cómo reconocer la voz del alba
en medio de tanto griterío.

Cómo reconocer el idioma de los gestos
repetidos en el espejo de tu cuerpo.
(En "Cómo reconocerte")

El autor divide su obra en cuatro partes: mañana, mediodía, tarde y noche; en cada una de ellas, la reflexión sobre lo consuetudinario se transforma, a través de alegóricos filtros y palabras viradas, en paisajes interiores donde el tiempo, el silencio y un "tú" amado y deseado conforman las distintas escenas:
                      
Como todos los días, el mismo barullo
de caras anónimas, el tendero de la esquina,
papeles. Todo igual, como cada mañana
obedeciendo al sistema, a esa realidad soportada
que no finge y sigue el curso de los instantes.
(En " Como todos los días ")
                               
dc ab dc

La sonrisa de los momentos

En este instante,
otra vez el misterio del silencio,
el secreto silencio del lenguaje
que sella miradas y sonrisas,
que navega por tu boca
y deja huellas en el mar de tus labios.

En este instante.

dc ab dc

El tiempo, el maldito tiempo, se cuela
a gatas en el recuento de los días.

Al sonido del mar le sigue el clamor
de los niños. A la risa de los jóvenes
el sabor del tiempo.

El tiempo, el frágil tiempo, susurra
con dolor bajo la piel de la tarde.
(En "Sabor a caracolas")

dc ab dc

Dentro de mí, el deseo
golpea las arterias.

Estoy vivo y te quiero.
Te lo diré con un gesto
al llegar a casa y entregarme
al camino de tus brazos.
Solo tú, la piel y las caricias.
(En "Esta avenida interminable")


Faustino Lobato se presenta como un poeta inquieto, un urbanita que busca la paz y el sosiego de la poesía como un refugio donde todo lo trascendente se hace palabra y el pensamiento se combina, contradictoriamente, con el sentimiento:

"Vivo en el último piso, en este lugar donde callo sin conseguir silenciar los ruidos, el sonido de los gestos, las torpezas y los jaques del destino. Vivo donde el tiempo se trasviste de pequeños chasquidos que no molestan. En el último piso, donde los peldaños se acaban pero no las ganas de soñar y de vivir con ese orden casi perfecto que dibujan la libertad y tu amor."

dc ab dc

La piel de un poema

He perdido la cuenta de las horas,
mientras los sueños sellan
el recuerdo de otros versos.

La piel de un poema reclama
el canto de los gritos
agolpados en las manos.

La forma de tu voz se pierde
en el barullo de la calle,
dejándome la huella del sonido
con ese olor a soledad
que dibuja desiertos.

Después, por los rincones,
llega el delirio de las musas.
Me seducen y detienen en el tiempo
con la sorpresa del poema.


Para finalizar esta breve reseña, transcribo dos poemas que me han llamado la atención por el lirismo conseguido alrededor de unos hechos habituales:


Los efímeros bordes de la gloria

Llegó el cartero en el destiempo
de las horas tempranas. El silencio
se espantó con el timbre de la puerta.
Solo, el zumo de naranja brillaba intacto.

     Somos paréntesis... sueños.

El carné y la identidad mantuvieron retenidos
los efímeros bordes de la gloria. La firma
sobre un plasma absorbe los colores.
Nada que hacer ante el empuje cotidiano
que guarda la esperanza en el correo que llega.

     Somos anhelos, endebles sueños
     abrasados de ilusión.


dc ab dc


Ese punto de fronteras

Era de noche cuando sus pasos
se fundieron con mi voz.
Palabras y deseos rozando alas
de ángeles guardianes.

Y se dio el encuentro
en ese punto de fronteras
donde el rellano no es casa
y la casa deja de ser hogar,
en ese lugar de nadie y de todos.

Se olvidaron las angustias,
había perdón en los ojos,
el deseo de escribir
en los trozos rotos
de las horas perdidas.

Y la caricia curó las ausencias. Un regalo,
a punto de la media noche: la hora bruja.
Cuando las voces se vuelven susurros
y las manos giran al compás del corazón.

La gata apareció. Había tenido una aventura entre los muebles del vecino. Eran las 11:45, y los maullidos respondieron al sonido de las llaves de casa.



En el mismo envío postal he recibido también El nombre secreto del agua (Ed. Vitruvio), una publicación que espero sea tan interesante y sugestiva como Un concierto de sonidos diminutos.


domingo, 19 de noviembre de 2017

"Rutas como lacres de la Tierra", del poeta Andrés P. Broncano (Ed. Poesía eres tú)

Acabo de terminar la lectura de Rutas como lacres de la Tierra, del poeta Andrés P. Broncano (Ed. Poesía eres tú).

Es la obra inicial de un joven y prometedor poeta que nos presenta el cuaderno de apuntes sobre un viaje a la ciudad italiana de Spoleto, que sirve de excusa para un itinerario interior, una introspección íntima y personal:

                                  [...] Sueño
con los ojos entreabiertos civilizaciones
de tierra, con una vid cortada por ti,
con placeres llanos. Una llama
tímida en las brasas, no un espectáculo
pirotécnico. Enfermado
por el síndrome homérico, navegué
por nuevas lindes, sofocado por misterios
y maravillas. Olvidé mi carácter
de paciente costurero, que sueña milagros
en el horizonte y vive una vida de pan
y aceite.
(En “A ti”)

El tren es el instrumento clásico para iniciar la marcha y completarla finalmente (recuérdense los versos de A. Machado: Yo, para todo viaje / -siempre sobre la madera / de mi vagón de tercera- / voy ligero de equipaje):

A la espera del tren,
símbolo poderosísimo del viaje
y del cambio, del encontronazo
con la novedad del horizonte.
(En “A la espera del tren”)

Como vemos en sus versos, no se trata de una huida, sino de la búsqueda de nuevas sensaciones y de un reencuentro con el mundo antiguo:

Al fin avanzo / en busca de la soledad. Por suerte no la hallo. (En "Pulmones de Spoleto")

Un nuevo mundo con un nuevo / y cegador sol esperándome. 
(En "Primer pensamiento")

Beber de ellos –los clásicos– y florecer en algo nuevo.
(En "Palacio Ancaiani")

Su integración en la ciudad será total. Así se puede apreciar en los versos del poema "Arcanos nocturnos", donde el paisaje se hace poema y transforma al yo poético en el epicentro: me siento un arcano carnaval, / raptado por un ser místico, / para ser rey por una noche. Y, ante las tumbas de los antepasados trata de comprender, de integrarse y de conocer todo aquello que le ofrece el instante:

                     ...Me preparo
para escuchar sus conversaciones.
Cierro los oídos para ver con otros ojos,
más volátiles, pero cargados con un cristal
que atraviesa, para leer las voces,
aprender y entrar en litigios
en esta reunió antigua.
(En "Sepulcros spolentinos)

Andrés P. Broncano tiene tiempo para la reflexión, para detenerse y dirigir la mirada hacia sí mismo, para volver a viajar por dentro y por fuera:

La fatiga y el abandono

Cuando tus ideas van más rápido
que tus pies y parece
que sufres una derrota épica, con los miembros
desatados, golpea fuerte
el rostro y las brumas
se clavan con dureza en la mente
y la memoria. No luches,
no desclaves esa lanza,
no atrapes la ocasión, ya está de espaldas.
No te preocupes, cede ante la presión.
Tu descanso no se encontrará
en una eterna noche, a pesar de que el reflejo
de tu rostro enmarque unos huesos
sobresalientes y una mirada perdida.
Desciende a las profundas minas,
recolecta nuevas piedras:
combustible carbón, reflectante esmeralda,
dura coraza de piedra.
Con el primer rayo de sol tu mente
podrá volver a extenuar a tus miembros.

******************

Nunca el caminar fue tan estático,
apegado a las mismas piedras, el mismo
cielo, fluido atrapado en una misma probeta,
experimentación de presiones.
(En "Dinamismo estático")

La inteligente y observadora mirada de Broncano y su simbólico punto de vista crean, a los largo del poemario, sugestivos pasajes en los que el domino de la palabra y el eficaz desplazamiento de significado entre ellas es evidente:

Tendón, hueso y músculo

Cae por el ojo de este puente-acueducto
un pesado alivio que recorre sus largas
piernas hasta toparse con un riachuelo
extinto –aflorará en otoño,
como el ave fénix que abrasa las hojas
caídas– o Sin duda, vive como un punto
en tensión, un tendón que articula cemento
y hiedras que sujetan el hueso prefabricado
a la carne oxigenada.
Si una parte de este cuerpo –que es alma–,
cediera al tiempo, si se resquebrajara
cansada, fraccionaría esta tenue forma
haciendo un lado inútil,
el otro inerte.

******************

Ciclos
     
     I

Luna de malta en el tostado trigal
de la bóveda de carbón, que vibra
en la superficie del agua.
Gotas en suspensión
en las nocturnas ubres que nutren
el posterior rocío
y la dura tierra. Lana
que lo cubre todo, que abriga con una sorda
corriente de aire, absorbe y limpia
el ónice que se hincha
y disipa junto al sueño.

El autor sentirá la tristeza ante el término del viaje: Una vuelta desalentadora por un paraje / anverso y deseará quedar inmerso en el paisaje, como una encina:

Segundo pensamiento

Segundo pensamiento, arrojado
con prisas por las pequeñas
ventanillas que entrechocan
con el fuerte impacto del viento.
Deseando salir y hablar al mundo:
«Soy la encina estática y viajera,
detenida en el mismo paraje, movida
por los paraísos del cálido verano.
Ahora, que mi simiente caiga
y quede prendida, cerca de algún
robusto roble que le dé sombra,
en alguna curva del camino,
en la ladera liviana o algún remanso
de agua nueva. No pertenezco
a estos montes. Deseo y necesito
que algo de mí descanse
en uno de sus recovecos. No importa
que no florezca -tal vez mi respiración,
mis raíces no arraiguen bien-,
solo que fosilice y quede
como profundo descubrimiento
de unos ojos que sepan observar».


Pero pronto abandona el desconsuelo de la despedida y se presenta, en su penúltimo poema "Mi cuerpo, el viaje", como un ser que ha interiorizado el recorrido y se ha impregnado de aire y vida distintos. Es otro cuerpo y un espíritu capaz de transmitir sus vivencias a través de la poesía, porque, como dice A. Carpentier: los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados.

Rutas como lacres de la Tierra es un encomiable estreno en el universo de la creación poética. Espero que Andrés P. Broncano, siga ofreciéndonos nuevas propuestas tan interesantes como las que han brillado en esta obra.



jueves, 9 de noviembre de 2017

Salvador Mira presenta su obra literaria en la Casa de Aragón en Madrid

El pasado miércoles, 8 de noviembre, tuvo lugar en la Casa de Aragón en Madrid la presentación de la obra de Salvador Mira.




Presidió la Mesa José María Ortí Molés.






Susana Diez de la Cortina Montemayor realizó la presentación de la obra de Salvador Mira.





Destierro en la Tierra, recopilación de sus cinco poemarios publicados hasta ahora:
     · Durante todo el día
     · Ángel azul
     · Asalto al cielo
     · Los diablos
     · Ensoñaciones desde el filo 




De esta obra se leyeron algunos poemas:

Camino, buscando la verdad;
he atravesado oprobios, cruzado dolores...
y sé que mi último tramo ha de ser la muerte.


Aun así,
no reniego del amor verdadero,
continúo huyendo del ruido de masas
y los bufones del embrutecimiento no consiguen atraparme.

Yo ... soy poeta.




Madrid brinda
infinidad de guiños cómplices a los hombres...,
a hombres
                 que saben
                                 que son dioses
                                                         -en la Tierra.

Águilas de bronce, apoyadas sobre magnos pedestales.

Espíritus que renacen sobre el Ave Fénix.

Ángeles caídos, expulsados de su verdad primera.

Excelsos aurigas domeñando a sus corceles,
que cabalgan por las nubes.


La Aurora que trae luz al camino,

El Triunfo ilumiuando nuestra derrota...

Un faro que guía a los poetas vagabundos.




Llegará el día
en que no habrá carteles luminosos, televisores,
críticos, ni listas musicales o de cualquier tipo.


No habrá rebajas,
ni nada que comprar o vender;
se olvidarán las profesiones;
se destruirán las armas, los cosméticos ...

El dinero será la palabra;
el crédito, tus ojos;
las deudas, las arenas del desierto del olvido.


gh

Por los caminos de mi tierra
el aire huele a vida,
la vida a mar
y el mar a esperanza.

Por los caminos de mi tierra
la gente canta y baila, trabaja y Iueha;
las gaitas suenan en las alboradas,
se asan sardinas en los foliones,
los senderos están cubiertos de nueces y castañas.

Los caminos de mi tierra son corredoiras,
unas veces con lluvia,
otras con niebla,
siempre mágicas y misteriosas ...
En verano las corredoiras conducen al mar;
y el sol reverbera en éste de tal manera
que parece un campo de nieve.

En mi tierra
la tristeza es poesía,
la nostalgia, gorriones;
el amor, golondrinas;
los sueños... gaviotas.


Mi tierra fluye por mis venas;
ríos de saudade,
que desembocan en océanos de bosques,
océanos llamados Galicia.




Cuándo se enseñará una historia de la pobreza. 
No ese cuento de reyes, príncipes y presidentes.
Ese cuento de guerras y batallas
-en las que, por cierto,
invariablemente han muerto vuestros hijos.




Yo nací para que mis manos escribiesen versos.
Yo nací para que de mi boca brotasen rosas.
Yo nací para que mis ojos verdes fuesen besos.


Yo nací para ser abril,
para ser Atlántico y acariciar el Sol en el ocaso,
para ser hermano de la Luna,
para ser lluvia y ternura,
para ser gorrión y volar en tus sueños.

Yo nací
para ser tu niño
y pronunciar tu nombre, golondrina, sonriendo.

gh


¿Los besos que he dado?
¿El amor que entregué?


Nadie me quitará la dignidad.
En la vida uno necesita saber perder ...

Aunque para mí, el final,
más que una derrota,
será una victoria, una liberación.

¡Poeta!
Se puede llamar oficio a ser poeta.
El entregar cada gota de tu sangre al viento.
Pensar, sentir, actuar como un poeta,
como un loco a los ojos de los demás.

El soñar que del barro pueden surgir dioses. 




Después del silencio es su última publicación. Una novela coral donde los personajes son las voces que van conformando una trama que se desarrolla en la localidad costera de Santa María de Pontás. "Bajo una apariencia de normalidad se esconden los enconados juegos de poder de una comunidad clasista, cerrada y endogámica, caldo de cultivo de las más abyectas pasiones del ser humano..." nos anuncia la reseña de la contraportada.

Salvador Mira ofreció una visión de su labor como poeta y como novelista, resultando una interesante velada llena de intervenciones por parte de los asistentes. 
Esperamos que su carrera literaria se prolongue en el tiempo y tenga el éxito que se merece.